Durante décadas, el estado financiero de una empresa fue la medida definitiva de su éxito. Los ingresos, los márgenes de beneficio y la capitalización de mercado eran los únicos indicadores de valor. Hoy en día, la huella de carbono se ha convertido en una métrica igualmente crítica que dice mucho sobre la viabilidad a largo plazo de una organización. Este es un cambio de paradigma fundamental que reposiciona el desempeño ambiental de una empresa pasando de una preocupación secundaria a una métrica estratégica central.