El reporting de sostenibilidad en Europa entra en una nueva etapa.
En septiembre de 2026 se publicaron oficialmente los European Sustainability Reporting Standards (ESRS) revisados y el nuevo Voluntary Sustainability Reporting Standard (VS), dos piezas fundamentales del proceso de simplificación impulsado por la Unión Europea a través del paquete Omnibus.
El objetivo es reducir la carga administrativa de las empresas y hacer que el reporting de sostenibilidad sea más proporcional y práctico, sin perder de vista la calidad y utilidad de la información ESG.
Para las empresas españolas, esto plantea una pregunta inmediata: ¿qué cambia realmente y qué deberíamos hacer ahora?
Un nuevo alcance para la CSRD
Uno de los principales cambios introducidos por el Omnibus afecta al número de empresas obligadas a reportar bajo la Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD).
Con carácter general, el nuevo marco concentra esta obligación en empresas que superen simultáneamente los 1.000 empleados de media y los 450 millones de euros de cifra de negocio neta, aplicándose también estos criterios a nivel consolidado cuando corresponda.
Esto significa que muchas organizaciones que estaban preparándose para cumplir con la CSRD pueden encontrarse ahora fuera de su ámbito obligatorio.
Sin embargo, quedar fuera de la CSRD no equivale a dejar de necesitar información de sostenibilidad.
Grandes clientes, entidades financieras, inversores y otras organizaciones pueden seguir solicitando datos relacionados con emisiones, energía, plantilla, cuestiones sociales, gobernanza o desempeño ambiental.
La diferencia es que, en muchos casos, el reto dejará de ser únicamente cumplir con una obligación regulatoria para pasar a ser gestionar la información ESG de forma proporcional a las necesidades reales de la empresa.
Unos ESRS más simples y centrados en lo verdaderamente relevante
La revisión de los ESRS supone también una reducción importante de la complejidad del reporting.
Según la Comisión Europea, los estándares revisados reducen en más de un 60 % los datapoints obligatorios y en más de un 70 % el número total de datapoints, además de introducir nuevas flexibilidades y simplificar determinados procesos.
Esto no significa que la sostenibilidad pierda importancia.
Al contrario, el objetivo es concentrar los esfuerzos en aquella información que realmente resulta material para entender los impactos de una organización y los riesgos y oportunidades de sostenibilidad a los que está expuesta.
La doble materialidad continúa siendo, por tanto, uno de los pilares del sistema europeo de reporting.
Para muchas empresas, esta simplificación puede convertirse en una oportunidad para revisar procesos que se habían vuelto excesivamente complejos, eliminar indicadores que ya no aportan valor y mejorar la calidad de aquellos datos que realmente necesitan gestionar.
¿Qué ocurre con las empresas que quedan fuera?
Aquí aparece una de las novedades más relevantes del nuevo marco.
Junto a los ESRS revisados, la Comisión Europea ha adoptado un Voluntary Sustainability Reporting Standard, dirigido a empresas que no están sujetas al reporting obligatorio.
Este estándar proporciona un marco más proporcionado para estructurar y comunicar información ESG y pretende facilitar que las empresas puedan responder a solicitudes de información procedentes de grandes compañías, inversores o entidades financieras.
También se introduce el denominado value chain cap, que limita la información que las empresas sujetas a CSRD pueden exigir, para su propio reporting, a determinadas empresas de su cadena de valor protegidas por este marco.
Esto es especialmente relevante para muchas pymes y empresas españolas que, aunque no tengan obligación directa de presentar información bajo CSRD, forman parte de cadenas de suministro de grandes grupos europeos.
¿Qué deberían hacer ahora las empresas?
Ante este nuevo escenario, el primer paso no debería ser abandonar los proyectos ESG ya iniciados ni continuar exactamente como antes.
Lo recomendable es revisar qué necesita realmente cada organización.
En la práctica, hay cuatro actuaciones especialmente útiles:
>> Confirmar la aplicabilidad del nuevo marco. Determinar si la organización continúa dentro del alcance de la CSRD y qué requisitos deberá aplicar en los próximos ejercicios.
>> Revisar el modelo actual de reporting. Las empresas que ya estaban trabajando con ESRS deberían identificar qué requisitos cambian o desaparecen. Las organizaciones que elaboran memorias bajo GRI, por ejemplo, pueden realizar un gap analysis entre GRI y ESRS para aprovechar la información que ya tienen y detectar únicamente las brechas que deben cubrir.
>> Revisar los datos ESG que realmente aportan valor. La simplificación regulatoria es una oportunidad para comprobar qué indicadores se recopilan, quién es responsable de ellos, de dónde procede la información y con qué evidencias se cuenta.
>> Pasar del reporting a la acción. Medir es solo el principio. La información obtenida debería servir para definir objetivos, planes de acción y medidas concretas de mejora.
Este último punto es especialmente importante.
Una empresa puede calcular anualmente su huella de carbono porque necesita ese dato para su memoria de sostenibilidad, pero el verdadero valor aparece cuando utiliza esa información para identificar sus principales fuentes de emisión, establecer objetivos y desarrollar un plan de descarbonización.
De la misma forma, el análisis de otros aspectos ambientales —como el consumo de agua o la huella hídrica, cuando resulte material— puede ayudar a identificar riesgos y oportunidades que van mucho más allá del propio reporting.
Del cumplimiento regulatorio a una gestión ESG continua
Uno de los principales retos para las empresas no suele ser entender qué significa una norma concreta, sino mantener todos los años el proceso necesario para obtener información fiable.
Recopilar datos de diferentes departamentos y centros, revisar su calidad, calcular indicadores, mantener evidencias y finalmente convertir toda esa información en una memoria o informe de sostenibilidad requiere tiempo y conocimiento especializado.
Por eso, la evolución de los ESRS también puede ser un buen momento para replantear cómo se gestiona internamente la sostenibilidad.
Los Servicios Gestionados ESG de SAM Corporate permiten acompañar a las organizaciones de forma continuada, adaptando el apoyo a sus necesidades y a su nivel de madurez.
Para algunas empresas, ese acompañamiento puede centrarse en estructurar la recogida y consolidación de información ESG y preparar su memoria de sostenibilidad. Para otras, puede incluir la revisión de su reporting actual, un gap analysis entre GRI y ESRS o el desarrollo de un plan de acción ESG que transforme los resultados del análisis en iniciativas concretas.
En materia climática, el acompañamiento puede extenderse a la medición de la huella de carbono, la definición de planes de descarbonización y la asistencia en el proceso de inscripción de la huella en el Registro de Huella de Carbono del MITECO y en la obtención de los correspondientes sellos.
El objetivo no es añadir más reporting, sino conseguir que la organización disponga de un modelo de gestión ESG proporcionado, trazable y útil para la toma de decisiones.
Simplificar no significa dejar de gestionar la sostenibilidad
Los cambios introducidos en 2026 representan una reducción significativa de la carga regulatoria para muchas empresas europeas.
Pero también marcan un cambio de enfoque.
Para las organizaciones que continúan dentro de la CSRD, el reto será adaptar sus procesos a unos ESRS simplificados y concentrarse en la información verdaderamente material.
Para aquellas que quedan fuera, el nuevo estándar voluntario ofrece una alternativa más proporcionada para responder a las necesidades de clientes, entidades financieras y otros grupos de interés.
En ambos casos, existe una oportunidad común: pasar de recopilar información únicamente para cumplir a utilizar los datos ESG para gestionar mejor la sostenibilidad de la empresa.
En SAM Corporate ayudamos a las organizaciones a identificar qué información necesitan, estructurar sus procesos ESG y convertir los requisitos de sostenibilidad en planes y actuaciones concretas, adaptadas a su realidad empresarial.







