En los últimos años, el principio de “no causar un perjuicio significativo al medio ambiente” (Do No Significant Harm – DNSH) ha pasado de ser un concepto técnico ligado a la Taxonomía Europea a convertirse en un requisito clave en la contratación pública y en la ejecución de proyectos financiados con fondos europeos. Hoy, comprenderlo y aplicarlo correctamente no es solo una buena práctica: es una condición imprescindible para acceder a financiación y participar en licitaciones
¿Qué es el principio DNSH?
El principio DNSH establece que ninguna actividad económica o proyecto puede causar un daño significativo a los objetivos medioambientales definidos por la Unión Europea. Estos objetivos son seis:
- >> Mitigación del cambio climático
- >> Adaptación al cambio climático
- >> Uso sostenible y protección del agua y los recursos marinos
- >> Economía circular (incluyendo prevención y reciclaje de residuos)
- >> Prevención y control de la contaminación
- >> Protección y restauración de la biodiversidad y los ecosistemas
Cumplir con el DNSH significa que una actuación no puede deteriorar de forma relevante ninguno de estos ámbitos, aunque contribuya positivamente a otros.
De marco teórico a requisito obligatorio
Inicialmente, el DNSH surgió como parte del marco financiero europeo (especialmente con el Reglamento de Taxonomía y los instrumentos como el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia). Sin embargo, en la práctica se ha producido una evolución clara:
- >> Fase inicial: Se exigía una declaración responsable de cumplimiento.
- >> Fase actual: Se requieren memorias justificativas y análisis técnicos.
- >> Tendencia futura: El cumplimiento deberá ser verificable, trazable y auditable.
Esto responde a una realidad: el fuerte volumen de fondos europeos movilizados ha llevado a las autoridades a reforzar los mecanismos de control y verificación.
DNSH en licitaciones públicas: una exigencia creciente
Cada vez es más común encontrar en pliegos de contratación pública cláusulas relacionadas con el DNSH, especialmente en:
- >> Proyectos financiados con fondos europeos (Next Generation EU, PRTR, etc.)
- >> Contratos en sectores como energía, construcción, transporte o industria
- >> Programas ligados a transición ecológica, digitalización sostenible y economía circular
En este contexto, el DNSH deja de ser un elemento accesorio y pasa a ser un criterio de elegibilidad o incluso de exclusión. Es decir, no demostrar su cumplimiento puede implicar:
- >> La inadmisión a una licitación
- >> La pérdida de financiación
- >> La obligación de devolver ayudas
El gran cambio: de la declaración a la evidencia
Uno de los cambios más relevantes —y menos interiorizados por muchas organizaciones— es que ya no será suficiente una declaración responsable. El siguiente estadio, hacia el que se dirigen las administraciones y organismos financiadores, exige que el cumplimiento DNSH sea:
Verificable
Debe poder demostrarse mediante evidencias objetivas, como estudios de impacto ambiental, análisis de ciclo de vida, certificaciones o informes técnicos.
Trazable
Es necesario documentar todo el proceso, desde la planificación del proyecto hasta su ejecución, evidenciando cómo se han tomado decisiones alineadas con el DNSH.
Auditable
La información debe estar preparada para ser revisada por auditorías externas o controles administrativos, con registros claros, consistentes y accesibles.
¿Qué implica esto para las organizaciones?
Este cambio de enfoque supone un reto importante, especialmente para empresas que hasta ahora simplemente completaban formularios de cumplimiento. A partir de ahora será necesario:
- >> Integrar criterios DNSH desde la fase de diseño del proyecto
- >> Implementar sistemas de recopilación y gestión de evidencias
- >> Coordinar equipos técnicos (medio ambiente, ingeniería, compliance)
- >> Adoptar herramientas de seguimiento y reporting ambiental
- >> Formar a personal en normativa europea y sostenibilidad
En definitiva, el DNSH obliga a pasar de un enfoque declarativo a uno operativo y estructurado.
Buenas prácticas para anticiparse
Para adaptarse a esta nueva realidad, es recomendable:
- >> Realizar un preanálisis DNSH antes de presentar cualquier propuesta
- >> Utilizar checklists estructurados alineados con los seis objetivos ambientales
- >> Documentar todo el proceso, incluso decisiones que parezcan menores
- >> Apoyarse en expertos o consultores especializados
- >> Implantar indicadores y métricas que permitan hacer seguimiento
Conclusión
El principio DNSH ha dejado de ser una formalidad para convertirse en un pilar clave en la financiación pública y la contratación. En un entorno donde la sostenibilidad ya no es opcional, las organizaciones deben adaptarse rápidamente a una exigencia creciente: no basta con afirmar que no se causa un perjuicio ambiental significativo; hay que demostrarlo de forma rigurosa, medible y auditable. Quienes se anticipen a este cambio no solo minimizarán riesgos, sino que ganarán una ventaja competitiva clara en un mercado cada vez más exigente y orientado a la sostenibilidad.







