En los últimos años, el principio de “no causar un perjuicio significativo al medio ambiente” (Do No Significant Harm – DNSH) ha pasado de ser un concepto técnico ligado a la Taxonomía Europea a convertirse en un requisito clave en la contratación pública y en la ejecución de proyectos financiados con fondos europeos. Hoy, comprenderlo y aplicarlo correctamente no es solo una buena práctica: es una condición imprescindible para acceder a financiación y participar en licitaciones